Hacer cerámica en pareja: crear algo juntos cambia la forma de compartir el tiempo

Hacer cerámica en pareja: crear algo juntos cambia la forma de compartir el tiempo

¿Cuándo fue la última vez que hicisteis algo juntos sin saber exactamente cómo iba a terminar?

No me refiero a salir a cenar o ver una película. Hablamos de otra clase de experiencia: sentaros uno frente al otro, dejar el teléfono a un lado y empezar algo desde cero, con las manos, sin saber exactamente cuál será el resultado.

Imaginad que llegáis al taller, os ponéis un delantal y delante de vosotros aparece un trozo de barro. Uno puede tener clarísimo qué quiere hacer mientras el otro lo mira y piensa que no tiene ni idea. Y eso no importa. Muchas veces eso es precisamente lo interesante.

Quizá alguien diga: “Yo quiero hacer una taza”. El otro puede responder: “Pues yo todavía no sé qué quiero hacer”. Y a partir de ahí la conversación empieza sola.

No hace falta llegar con un proyecto preparado ni haber tocado barro antes. Tampoco hace falta considerarse una persona creativa. A veces basta con empezar a tocar el material y descubrir cómo una forma que no existía hace unos minutos empieza a aparecer.

Hay algo en trabajar con las manos que cambia nuestra atención. Durante el día las usamos para escribir o deslizar una pantalla. En el taller ocurre otra cosa, y también cambia la forma en la que os relacionáis.

Podéis llevar años juntos y conocer perfectamente qué comida le gusta al otro, cómo toma el café o qué película elegiría un domingo. Pero quizá nunca os habéis preguntado qué hace cuando tiene delante una forma vacía y puede convertirla en lo que quiera.

Puede que una persona necesite pensar antes de tocar nada y que la otra empiece inmediatamente. Tal vez uno quiera medirlo todo mientras el otro descubre que las irregularidades son lo que más le gusta.

Y entonces aparece una parte diferente del otro, una que muchas veces no se ve en la rutina diaria.

Pasamos mucho tiempo al lado de las personas que queremos, pero eso no significa que siempre estemos compartiendo ese tiempo. Podemos estar en un restaurante mirando el teléfono o pasar una tarde en casa mientras cada uno está en sus cosas.

Cuando hacemos algo con las manos, la dinámica cambia.

Aparecen pequeñas decisiones compartidas. “¿Me dejas esa herramienta?”. “¿Y si hacemos las dos piezas con el mismo color?”. Sin darte cuenta, la experiencia se convierte en una conversación que no depende únicamente de las palabras.

Quizá decidáis hacer dos tazas que tengan algo en común. Quizá uno haga un plato y el otro un cuenco. Puede que las piezas no tengan nada que ver entre sí y que precisamente eso sea lo divertido. Lo importante es que nacen en el mismo momento, sobre la misma mesa, mientras estáis aprendiendo algo nuevo.

No queremos que vengáis a copiar una pieza exactamente igual a otra. Nos interesa que podáis probar, mezclar ideas y descubrir qué os gusta mientras trabajáis.

Por eso nos importa mantener un acompañamiento cercano. Estamos ahí durante el proceso. Si tenéis una idea que no sabéis cómo construir, buscamos juntos la manera de hacerlo. Si una pieza empieza a deformarse, os enseñamos cómo corregirla. Si queréis probar otra técnica, os mostramos cómo funciona.

Pero tampoco queremos hacer la pieza por vosotros.

Hay algo especial en que al final se note vuestra mano. Muchas veces las pequeñas irregularidades son las que hacen que una pieza tenga personalidad. Una curva que apareció por accidente puede terminar siendo lo que más os guste.

La cerámica también nos obliga a aceptar que no todo tiene que salir exactamente como lo imaginamos. Puedes empezar pensando que harás una taza perfectamente simétrica y terminar con una forma completamente diferente.

Hacerlo en pareja cambia también la forma de vivir esos pequeños errores. Muchas veces terminan siendo motivo de risa y, más tarde, forman parte de la historia de la pieza.

Porque una pieza hecha a mano guarda más cosas de las que parece.

Cuando compras una taza, recuerdas dónde la compraste. Cuando la haces tú, recuerdas cómo nació, qué parte te costó más y qué color elegiste al final.

Después la pieza continúa su proceso en el taller. Tiene que secarse, pasar por el horno y esmaltarse. Cuando finalmente volvéis a tenerla delante, ya no es ese barro húmedo con el que empezasteis.

Puede ser una taza, un plato, un cuenco o una pequeña pieza que encuentre su lugar en casa. Y entonces ocurre algo curioso: la experiencia ya no está solo en vuestra memoria. También está físicamente delante de vosotros.

Quizá meses después alguien coja esa taza y pregunte dónde la comprasteis.

Y entonces podéis responder:

“No la compramos. La hicimos nosotros”.

Y probablemente aparezca toda la historia: el día que vinisteis al taller, el color sobre el que no os poníais de acuerdo o algo que os hizo reír mientras trabajabais.

Barcelona ofrece miles de planes para hacer en pareja. Siempre habrá un restaurante nuevo, una exposición o algún lugar al que ir. Pero quizá la pregunta no sea solamente: “¿Qué hacemos este fin de semana?”.

Tal vez la pregunta más interesante sea otra.

¿Cuánto hace que no hacéis algo por primera vez juntos?

Las primeras veces tienen una energía diferente. Estamos más atentos porque todavía no conocemos el resultado. Miramos más. Preguntamos más. Nos reímos más fácilmente de lo que no sale como esperábamos.

Eso es lo que nos gusta de hacer cerámica en pareja.

No se trata simplemente de venir a fabricar un objeto.

Se trata de pasar unas horas haciendo algo juntos de verdad. De tener las manos ocupadas y la cabeza un poco más tranquila. De observar cómo crea la otra persona y dejar que cada uno encuentre su propia manera de hacer las cosas.

Y mientras eso ocurre, casi sin buscarlo, aparece algo que cada vez valoramos más: atención.

Atención al material, al proceso y también a la persona que está compartiendo la mesa con nosotros.

Así que quizá antes de venir no hace falta preguntarse qué pieza queréis hacer.

Puede ser más interesante llegar, sentarse delante del barro y dejar que aparezca otra pregunta.

“Bueno… ¿por dónde empezamos?”

Y que alguien responda:

“Vamos a probar.”

Hacer cerámica en pareja: crear algo juntos cambia la forma de compartir el tiempo

¿Te apetece probar la cerámica en el taller?

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